La historia detrás
Maragata, según DoReSol
En menos de tres minutos, Maragata condensa lo que hace único al tango de Aníbal Troilo: ese bandoneón que se enreda en melodías cortas, como si respirara entre cada nota. No es una pieza extensa, pero su intensidad viene de cómo Troilo —conocido como Pichuco— juega con los silencios y los arpegios, casi como si el instrumento susurrara más que tocar. El tema dura apenas 2:44, pero en ese tiempo logra algo que pocos tangos logran: sonar a la vez íntimo y universal, como si cada acorde contara una historia que todos reconocen sin necesidad de palabras.
Pichuco nació y creció en el Abasto, ese barrio porteño donde el tango y la vida se mezclaban en los bares y en las esquinas. Su infancia estuvo marcada por el bandoneón: a los diez años ya había convencido a su madre, Felisa Bagnoli, para que le comprara uno, pagándolo en cuotas que nunca terminó de saldar. El instrumento lo acompañó desde entonces, incluso cuando la pobreza de su familia lo obligó a tocar en prostíbulos y cafés para sobrevivir. Maragata no es solo una canción más en su repertorio: es uno de esos temas que, escuchados hoy, siguen sonando como un pedazo vivo de Buenos Aires, grabado en una época donde el tango aún no sabía que estaba a punto de cambiar para siempre.
Del álbum
Yo soy el tango - 1941
Aníbal Troilo · 2004 · Track 16
Datos