La historia detrás
Fixing a Hole, según DoReSol
La primera vez que escuchás Fixing a Hole, lo que más te atrapa es ese sonido de harpsichord que se enreda en el inicio, como un hilo suelto que no termina de caer. No es un detalle menor: ese instrumento, tocado por George Martin en persona, le da a la canción un aire entre clásico y psicodélico que no se repite en el resto del álbum. La letra, que Paul McCartney escribió en plena efervescencia de los años 60, juega con la imagen de un agujero —ya sea en el camino, en el ánimo o en la rutina— que deja pasar algo que no debería. Pero lo más curioso es que, según confesó años después, la inspiración le llegó bajo los efectos del LSD: un "agujero azul" que vio en ese estado y que, según él, lo liberó para componer sin filtros. No es una metáfora vacía: la canción suena exactamente como se siente esa claridad repentina, entre lo onírico y lo cotidiano.
Grabada en dos tandas de febrero de 1967, Fixing a Hole nació en un momento en que los Beatles ya no pisaban Abbey Road por falta de espacio, así que tuvieron que recurrir a Regent Sound Studios en London. El primer día, en solo tres tomas, sentaron la base rítmica, y el segundo, ya en EMI Studios, le añadieron los overdubs. Lo llamativo es que, por primera vez en años, el vocal de McCartney se grabó al mismo tiempo que el ritmo, sin doblajes posteriores. La estructura es sencilla pero efectiva: versos en F menor que se aligeran en los puentes con F mayor, y ese detalle técnico —el cambio de acorde en "hole", que oscila entre lo melancólico y lo esperanzador— es lo que le da esa tensión que la hace memorable. Hasta el final, con ese fadeout que parece desvanecerse como un pensamiento fugaz, queda la sensación de que la canción se escapa justo cuando uno cree haberla descifrado.
Del álbum
Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band
The Beatles · 1967
Datos
Créditos
Música Paul McCartney, John Lennon