La historia detrás
Cuando escuchás el inicio de Down to the Waterline, es como si una niebla sonora se disipara para dar paso a la música. Se describe ese momento como si la banda emergiera de la bruma, un efecto que, según quienes lo escucharon en su momento, no resultaba forzado. La guitarra eléctrica, suave al principio, se transforma de golpe en una melodía potente, acompañada por la voz de Mark Knopfler, articulada de una manera que recuerda a una caña de oboe. La canción, lanzada en 1978 como parte del primer álbum de Dire Straits, evoca imágenes de un encuentro fugaz, con una carga erótica que se describe como tierna y apasionada, pero sin caer en lo sentimental. El ritmo, a veces llamado un "galope", te invita a moverte casi sin darte cuenta.
La inspiración detrás de las letras de Down to the Waterline proviene de los recuerdos de juventud de Mark Knopfler. Su hermano y compañero de banda, David Knopfler, contó que se basan en las caminatas nocturnas que Mark hacía junto al río Tyne, bajo las luces, cuando era adolescente. Esta pieza fue fundamental desde el principio; formó parte de la cinta de demostración que la banda envió a Charlie Gillett, un paso clave que les abrió las puertas a su primer contrato discográfico. Aunque no se lanzó como sencillo principal, sí apareció como cara B del single Water of Love. La grabación, que tuvo lugar en 1977 en los Basing Street Studios de Londres, contó con la producción de Muff Winwood, y la ingeniería de sonido estuvo a cargo de Rhett Davies. El álbum debut, Dire Straits, fue elaborado a partir de maquetas grabadas con recursos propios de la banda.