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Datos
Créditos
Música K. Duckworth, Mark Spears, Pharrell Williams
La historia detrás
Hay canciones que no solo suenan, sino que se convierten en un latido colectivo. Alright es una de ellas. No es solo un tema de Kendrick Lamar en To Pimp a Butterfly (2015), sino un grito de esperanza que resonó más allá de los altavoces: su estribillo, ese "We gon' be alright" repetido con cadencia casi hipnótica, terminó siendo coreado en marchas por todo el país. La magia está en cómo el sonido —con sus metales de jazz que parecen elevarse sobre el caos y un ritmo que oscila entre lo marcial y lo orgánico— logra transmitir esa mezcla de urgencia y calma que define a la canción. Pharrell Williams, quien produjo el instrumental en 2014, le dio al tema ese gancho pegajoso que funciona como un respiro en medio de la tormenta. Lo curioso es que, al principio, Lamar no estaba seguro de incluirla en el álbum: le parecía que el beat no encajaba con la esencia jazzera y funky del disco, pero el trabajo de Sounwave y Terrace Martin para ajustar las percusiones terminó de convencerlo. El resultado es un tema que no suena a rap convencional, sino a algo más amplio, como si el hip-hop se hubiera encontrado con una banda de marcha en plena improvisación.
La letra, por su parte, juega con una metáfora recurrente en el álbum: la de Lucy, un personaje que crece a la par que el narrador y representa las sombras que lo persiguen. Lamar abre el tema con un fragmento de The Color Purple de Alice Walker ("Alls my life, I had to fight"), y cierra con un verso crudo sobre sus pensamientos suicidas en un hotel, donde Lucy parece envolverlo ("The evils of Lucy was all around me"). Pero entre esos extremos, el tema fluye con una energía que contrasta con su contenido: el estribillo, cantado por Pharrell, actúa como un faro. No es casual que, en 2019, Pitchfork la nombrara como la mejor canción de la década: su capacidad para ser a la vez íntima y universal la hizo inevitable. El video, filmado en blanco y negro y dirigido por Colin Tilley y The Little Homies, refuerza esa dualidad: muestra escenas cotidianas de barrios afroamericanos entrelazadas con imágenes de Lamar en alturas imposibles, como si el ascenso fuera tanto físico como emocional. En 2015, el tema fue nominado a cuatro premios Grammy, llevándose los de Mejor Interpretación de Rap y Mejor Canción de Rap, y al año siguiente se convirtió en un himno involuntario del movimiento Black Lives Matter. Para 2022, ya era parte de la historia: Lamar, junto a leyendas como Dr. Dre, Snoop Dogg y Eminem, la interpretó en el show de medio tiempo del Super Bowl LVI. No es exagerado decir que, en solo tres minutos y treinta y nueve segundos, Alright logró algo que pocas canciones consiguen: ser banda sonora de una lucha y, al mismo tiempo, un recordatorio de que, pase lo que pase, todo va a estar bien.