De ese tracklist de once canciones, hay tres que se destacan por cómo definen el espíritu del álbum. Light Years abre con un riff que parece flotar entre el espacio y la pista de baile, mientras que Stillness in Time juega con dinámicas que van de lo íntimo a lo expansivo en segundos. Pero es Space Cowboy la que le da nombre y sentido al disco: su estructura cíclica, con ese bajo que se enrosca como un lazo alrededor de la batería, hace que el tema funcione como un portal que conecta el funk más terrenal con algo más etéreo. La banda lo tocaba en conciertos antes de grabarlo, y en el estudio le dieron ese brillo que lo convirtió en uno de los temas más reconocibles de su repertorio.
El disco no tardó en hacerse notar: en el Reino Unido escaló hasta el segundo puesto en los Albums Chart, y en menos de un año superó los cuatro millones de copias vendidas en todo el mundo. En Estados Unidos, donde salió en mayo de 1995 bajo el sello Work Group, también caló hondo en la escena alternativa. Lo interesante es que, a pesar de ese éxito, el álbum no buscaba sonar como otros lanzamientos de la época: la banda priorizó la coherencia interna sobre los hits fáciles, y el resultado fue un disco que, décadas después, sigue sonando fresco porque cada nota parece pensada para durar.