El disco recorre casi treinta años de música brasileña en menos de una hora. Empieza con Tristeza, ese clásico de Haroldo Lobo y Nitinho que ya era un éxito antes de que ellos lo tocaran, y termina con Nature Boy, un homenaje a Nat King Cole y al compositor Eden Ahbez. En medio, hay joyas como Chega de saudade, la canción que abrió las puertas a la bossa nova, o Garota de Ipanema, que llevó el género a todo el mundo. También aparecen los afro-sambas que Vinícius compuso con Baden Powell, como Canto de Ossanha, y piezas más personales como O velho e a flor, donde Luis Bacalov se suma al piano en un momento inesperado. Lo curioso es que, aunque el disco incluye algunos de los mayores éxitos de Vinícius, no suena a repetición: cada tema se siente como una nueva versión, como si los dos estuvieran descubriendo esas canciones otra vez.
La grabación en vivo, sin tomas adicionales, le da un peso especial. No hay overdubs ni correcciones: lo que escuchás es lo que pasó en el estudio ese día. La portada lo dice todo: "in un clima di totale deconcentrazione". No buscaban perfección, sino verdad. Y esa honestidad es lo que hace que este álbum siga sonando fresco, como si Vinícius y Toquinho estuvieran ahí, en tu sala, contándote sus canciones de memoria.