Este álbum se convirtió en un punto de inflexión para la banda. La revista Al Borde lo incluyó en su lista de los 250 álbumes más importantes del rock iberoamericano. Canciones como Bolero Falaz, que tuvo problemas con algunos medios por su letra, o Florecita Rocketa, un himno a la fuerza femenina, se volvieron referentes. El sonido de El Dorado, con esa fusión de ritmos folclóricos colombianos y bases de punk, reggae y rock, fue algo que resonó mucho. Las ventas iniciales fueron sólidas, superando las 150.000 copias en su primer año, y con el tiempo, las cifras crecieron hasta las 400.000 en Colombia y 600.000 a nivel mundial, con ediciones para Estados Unidos, España, México y Argentina.
La propuesta visual del disco también tuvo su historia. La idea original para la portada, que mostraba una imagen religiosa con el rostro de Echeverría superpuesto, fue modificada por la discográfica. Al final, optaron por una imagen de los integrantes cubiertos de polvo dorado, haciendo un guiño directo a la leyenda que da nombre al álbum y a las culturas indígenas de Colombia.