11 canciones
Sobre el álbum
Don’t Kill the Magic, según DoReSol
Lo más llamativo del álbum no son solo sus once temas, sino cómo la energía de la banda se filtra en cada canción. "Rude" no fue el primer sencillo, pero terminó siendo el que definió su identidad: un tema que avanza con un groove que recuerda al reggae clásico, pero con un ritmo que late como un corazón moderno. No es casualidad que el bajista Ben Spivak y el baterista Alex Tanas hayan sido los últimos en unirse; su llegada le dio al grupo el empuje rítmico que faltaba para que el sonido no se quedara en lo acústico. Nasri lo resumió después: "Queríamos que cada nota sonara como si estuviéramos en un bar de Kingston, pero con la producción de un estudio de Los Ángeles". El resto del disco sigue esa misma lógica: "Paradise" tiene ese aire de verano eterno, mientras que "Don’t Kill the Magic" —el tema que le da nombre— juega con cambios de tempo que obligan a mover los pies sin aviso.
La recepción del álbum fue rápida, pero no por los premios o las certificaciones (que llegaron después con "Rude"), sino por cómo la gente lo adoptó. En Toronto, donde empezaron tocando en garajes, el disco se convirtió en banda sonora de fiestas universitarias; en Los Ángeles, los DJs lo pinchaban en sets de verano. Lo interesante es que, para cuando lanzaron Primary Colours en 2016, ya no eran la banda de "ese tema que pegó", sino un grupo con un estilo propio. Eso sí, el detalle técnico que más sorprende al escucharlo hoy es cómo grabaron casi todo en vivo: las tomas de guitarra de Pellizzer no tienen overdubs, y los coros de Nasri se grabaron en una sola toma, como si el tiempo se hubiera detenido para dejar pasar esa magia sin editar.