Este trabajo es especialmente interesante por cómo fusiona elementos. Por un lado, encontramos canciones que exploran un reggae con una delicadeza sonora poco vista hasta entonces en el rock de Argentina, como en No acabes, Regtest, El reggae de paz y amor, No duermas y Kaya. Por otro lado, el álbum contiene temas que se volvieron emblemáticos. La rubia tarada, que originalmente se llamaba Una noche en New York City, se convirtió en su mayor éxito. Y luego está Mejor no hablar (de ciertas cosas), una de las composiciones más destacadas del grupo. La letra de esta última tiene una historia particular: surgió de un momento en 1982, cuando Luca Prodan cantó en lugar del Indio Solari en un festival. El Indio Solari, al probar sonido, quedó cautivado por una melodía lenta que la banda tocaba de forma casi improvisada, mientras él recitaba una letra curiosa. Prodan se interesó en la canción, la obtuvo de Poly, productora de Los Redondos, y al regresar a su sala de ensayo, le pidió a Arnedo que acelerara el ritmo del bajo para darle el sello característico de Sumo. La canción ya había aparecido en Corpiños en la Madrugada, pero aquí encontró su forma definitiva.
La producción técnica del álbum estuvo a cargo de Luis Brozzoni, mientras que las fotografías que acompañan el material fueron cortesía de Max Stuart desde Australia. El disco también incluye agradecimientos a varias personas y entidades, como Geniol con Coca, Alejandro Sokol, Tito Fargo, Stephanie Nuttal, Quito Figueroa y Mauricio Plomex, lo que da una idea del entorno en el que se gestó este trabajo.