Entre las pistas que mejor definen ese momento está Buenos muchachos, que le da nombre al álbum y funciona como un himno desenfadado, con esa picardía que siempre caracterizó a La Mosca. También destaca Madrid amaneció, donde el merengue y el rock se mezclan en un ritmo que no se escuchaba seguido en ese entonces. Lo curioso es que, aunque el disco tiene 12 tracks, esas dos canciones suelen ser las que más se repiten en sus shows, como si fueran el sello de identidad del álbum. Incluso hay una versión de Muchachos, esta noche me emborracho que aparece en el tracklist como Muchachos, reversionada para darle un giro fresco.
El impacto de Buenos muchachos no fue inmediato, pero con los años se convirtió en uno de esos discos que los fans buscan para entender por qué La Mosca terminó siendo una banda de culto. No hay datos de ventas récord ni premios en su lanzamiento, pero sí una recepción que creció orgánicamente, especialmente en Argentina, donde el ska y la cumbia ya tenían un público fiel. Lo más interesante es que, a diferencia de otros álbumes de la época, este no suena a producto de estudio pulido, sino a una banda tocando con energía cruda, como si cada tema hubiera sido grabado en una sola toma.