La voz se mueve entre lo cercano y lo lejano, como si estuviera contando una conversación que no termina. Hay canciones que se quedan en la cabeza, como Curami o Noia, que te dejan una especie de huella que no pasan. El sonido es directo, sin rodeos, como si cada nota tuviera que decir algo.
Algunas canciones llevan un rastro de lo que pasó antes, como Emilia paranoica, que parece recordar algo que no se quiere olvidar. El disco no es solo música, es un lugar donde se vive algo, donde se siente la tensión de una situación que no se resuelve. No es un álbum cualquiera, es un momento que se graba.