La historia detrás
Cuando escuchás el tema, lo primero que te salta es ese ritmo vivo, casi nervioso, que no se detiene. Spinetta no canta sobre el amor como algo romántico y pulido, sino como un objeto gastado, algo que se lleva en el bolsillo pero que ya no brilla. La guitarra acústica Ovation suena seca, con cuerdas que parecen arañar el aire, mientras el Mini Moog de Diego Rapoport le da un brillo inesperado, como si ese amor viejo tuviera un destello eléctrico que lo mantiene vivo. El final con los puntos suspensivos —"pues yo lo encontraré..."— deja la puerta abierta, como si la canción no cerrara la historia, sino que la dejara flotando en el aire.
El disco Kamikaze se grabó en 1982, en un momento en que Spinetta ya no buscaba sonar como nadie más, sino como él mismo. La canción aparece como noveno tema, tercero del lado B del vinilo original, y dura menos de tres minutos, pero en ese tiempo logra algo raro: ser rápida sin ser acelerada, reflexiva sin perder energía. Spinetta no habla de amor desde la nostalgia, sino desde la urgencia, como si ese "vieja medalla" fuera un recordatorio que no puede ignorar. No es un tema que se escuche para relajarse, sino para sentir que algo se mueve dentro.