La historia detrás
Gustavo Cerati armó un viaje sonoro en Bocanada que gira alrededor de Y si el humo está en foco…, una pista que respira entre lo orgánico y lo sintético. El tema arranca con un aire etéreo, casi como si el humo que menciona el título flotara sobre los acordes, pero en el minuto dos todo se vuelve más terrenal: un bajo que se enrosca en un patrón repetitivo y una batería que golpea con una precisión que no suena a máquina. Hay algo en la forma en que los sonidos se superponen —el eco de una guitarra que se desvanece mientras el teclado avanza— que hace que la canción no se quede quieta. No es un loop perfecto, sino un ciclo que se estira y contrae, como si estuviera vivo. El detalle más llamativo está en los silencios: justo cuando parece que todo va a explotar, hay un respiro inesperado que lo cambia todo.
El disco Bocanada se grabó entre 1998 y 1999, en un momento en que Cerati ya había dejado atrás la etapa de Amor amarillo y el cierre de Sueño Stereo con Soda Stereo. El músico buscaba algo nuevo, y este tema es un buen ejemplo: mezcla guitarras distorsionadas con texturas electrónicas que entonces sonaban a futuro. La producción, hecha por él mismo, no persigue un sonido pulido, sino uno que suene a riesgo. Grabado en estudios prestados y con equipos que no eran los de siempre, el álbum terminó siendo uno de esos discos que aparecen sin aviso y se quedan. Y si el humo está en foco… dura 4:56, pero en esos minutos caben capas de sonido que invitan a perderse.