La historia detrás
Guessing Games suena a un juego de espejos donde la voz de Daryl Hall se estira como goma, jugando con el eco de su propio registro. El tema avanza en círculos, pero no es un bucle cualquiera: el bajo y la guitarra se entrelazan en un patrón que parece repetirse, aunque nunca del todo igual. Hay algo en ese vaivén que te engancha desde los primeros compases, como si la canción estuviera hecha para que el oyente intente descifrar su estructura mientras la escucha.
La grabación nació en un momento en que Hall y John Oates aún afinaban su sonido, mezclando el soul de los sesenta con el rock que empezaba a dominar las radios. Se conocieron en Filadélfia en 1968, cuando Hall estudiaba música y Oates periodismo, y aunque sus caminos se cruzaron en la universidad, cada uno había pasado por otras experiencias antes de unirse. Hall había tocado en bandas como los Temptones y Gulliver, mientras Oates había viajado por Europa como músico de apoyo. Cuando finalmente formaron el dúo, su fórmula —soul con toques de rock— llamó la atención de Tommy Motolla, quien los fichó para su sello y los ayudó a pulir ese estilo que los haría conocidos.