La historia detrás
Los Fabulosos Cadillacs metieron en El León un tema que no pide permiso para quedarse: Cartas, flores y un puñal. Suena como un susurro que se vuelve grito en menos de dos minutos y medio, con un aire a balada urbana donde cada nota parece escrita en un papel arrugado y tirado a la basura. No es un tema que avanza, sino que gira sobre sí mismo, como si la historia que cuenta no tuviera salida. El ritmo se estira en un compás que no termina de cerrar, y esa tensión es justamente lo que lo hace reconocible al instante.
El disco El León se grabó en 1992 en Buenos Aires, y este corte fue uno de los cinco sencillos que sacaron adelante. No fue el más comercial de la lista —le ganaron Gitana y Desapariciones en popularidad—, pero tiene algo que los otros no: una crudeza contenida, como si cada palabra y cada acorde hubieran sido grabados en una sola toma, sin retoques. La duración, poco más de dos minutos, no le quita peso; al contrario, la brevedad le da urgencia, como si el mensaje tuviera que llegar antes de que se apague la cinta.