El impacto de este debut fue notable. Entró directo al tercer puesto de las listas de Reino Unido y contenía sencillos que resonaron fuerte, como Take Me Out y The Dark of the Matinée, además de Michael. Este éxito se vio coronado con el Mercury Music Prize de 2004 y una nominación a los Grammy. Más allá de los premios, el disco demostró ser un fenómeno comercial, superando los 3.6 millones de copias vendidas a nivel mundial, con una fuerte presencia en Reino Unido y Estados Unidos. Fue incluido en listas de referencia como 1001 Albums You Must Hear Before You Die y reconocido por publicaciones especializadas por su sonido distintivo y la propuesta de la banda.
El sonido de Franz Ferdinand se caracteriza por una instrumentación afilada y ritmos contagiosos que invitan al movimiento. Temas como Jacqueline, con su línea de bajo pulsante, o Take Me Out, con su estructura cambiante y su icónico riff, son ejemplos perfectos de esta fórmula. La producción, cuidada pero sin artificios excesivos, permite que cada instrumento brille, creando una atmósfera que es a la vez elegante y cruda. La combinación de guitarras cortantes, una sección rítmica sólida y la voz particular de Alex Kapranos, consolidaron la identidad sonora del grupo desde este primer trabajo.