Entre los doce cortes del disco, hay tres que destacan por cómo encapsulan esa energía. Jezebel, por ejemplo, no era una canción nueva, pero Vincent le dio un giro que la hacía sonar como si acabara de nacer: la guitarra de His Blue Caps se enredaba en un ritmo que no daba respiro, y su voz, rasposa y directa, no pedía permiso para sonar. Luego estaba Who Slapped John?, donde el título mismo ya era un desafío, y la música respondía con un shuffle que parecía sacado de un callejón de Memphis. Pero si hay un tema que resume el espíritu del álbum, es Wedding Bells (Are Breaking Up That Old Gang of Mine): una balada rockera que mezclaba nostalgia con un toque de rebeldía, algo que Vincent manejaba con naturalidad. No eran covers vacíos ni canciones genéricas; eran versiones que sonaban como si las hubieran escrito en el momento, aunque algunas llevaran años en el repertorio.
El disco salió a la calle el 13 de agosto de 1956, justo cuando el rock and roll empezaba a dejar de ser una moda pasajera para convertirse en un fenómeno que cruzaba fronteras. Capitol Records no sabía muy bien qué hacer con él al principio: no era el típico álbum de éxitos pop de la época, ni un disco de country con pretensiones. Pero en menos de un año, Bluejean Bop! ya tenía su lugar en la escena, y canciones como Ain’t She Sweet —que luego versionarían otros artistas— se colaban en las radios. Grabado en tres semanas con equipos que hoy parecerían precarios, el álbum demostró que a veces lo auténtico no necesita retoques. Y aunque Vincent y su banda no lo supieran entonces, estaban sentando las bases de algo más grande: el sonido que vendría después.